La Meditación - técnica y práctica de meditación

En esta lección aprenderemos, de una forma bien simple y objetiva, como practicar la meditación y cuáles son los enormes beneficios que podemos tener practicándola regularmente.

En la lección anterior vimos algo sobre lo que es el despertar de la conciencia y las grandes diferencias que existen entre tener la conciencia despierta y adormecida.
Vimos también que los medios efectivos para el despertar de la conciencia son la práctica de la muerte psicológica y de la meditación.
Aquí está entonces el principal objetivo de practicar la meditación: despertar nuestra conciencia, lo que por sí sólo nos hace personas totalmente diferentes de lo que somos, con capacidades diferentes, objetivos y percepciones.

La práctica de la meditación remonta a tiempos antiquísimos y está representada en todas las grandes religiones del mundo como el budismo, hinduismo, cristianismo, sufismo, judaísmo, taoísmo, etc.
También la Psicología moderna hay estudiado y testado que son muchos los beneficios resultados de la práctica de la meditación.


La práctica de la meditación.

Primeramente debemos escoger un local silencioso, ventilado y limpio. La habitación de dormir es el ideal.
Después debemos acomodarnos en una posición confortable, en la cual podamos permanecer por un buen tiempo sin movernos.
Se puede sentar con las piernas cruzadas al estilo oriental o acostarse de barriga para arriba, con las piernas estiradas y los pies juntos.
Después de eso relajamos todo el cuerpo utilizando la técnica que vimos ya en las primeras lecciones de este curso.

Hecho eso, vamos utilizar el método descrito abajo para practicar la meditación.
Al practicar la meditación entienda que su único objetivo debe ser silenciar la mente, parar con su agitación y con la sucesión de pensamientos que normalmente ocurre.
Cuando logramos el absoluto silencio de la mente, o sea, la total ausencia de pensamientos, es que experimentamos el Vacío Iluminador, el éxtasis místico, la libertad del alma.
Cuanto más practicamos la meditación más la mente se va tranquilizando, y más próximos estaremos de lograr el Vacío Iluminador.
Su objectivo durante la práctica de meditación debe ser solamente silenciar la mente, nada más.

La mente es como un animal que necesita ser domado para obedecer.
Inclusive esto está simbolizado en el pasaje bíblico en el cual el gran maestro Jesús entra en Jerusalén montado sobre un asno o burrito.
Si queremos entrar en Jerusalén celestial, en las dimensiones superiores de la naturaleza, debemos montar, domar y controlar el asno, o sea, la mente.


Los Koans.

Un koan es una frase enigmática cuyo objetivo es proponer un problema a la mente que ella no consiga resolver.
De esa forma hacemos que la mente se canse intentando buscar la respuesta que ella no puede encontrar, una vez que la respuesta para un koan está mas allá de la mente, en un nivel superior.
Conforme la mente se va cansando ella también se va tranquilizando hasta quedarse en completo silencio.

Ese es el objetivo del koan: silenciar la mente y al mismo tiempo provocar levemente el sueño.
Cuando adormecemos con la mente en silencio es que vivimos una experiencia mística.
Se puede escoger uno de los siguientes koans para practicar la meditación:

“¿Quién es aquel que está solo en el medio de diez mil cosas?”
“¿Si todo se reduce a la unidad, a qué se reduce la unidad?”

También podemos usar otro koan, concentrándonos e imaginando la siguiente situación:
Hay un profundo abismo y en su orilla hay un gran árbol plantado. Ese árbol tiene un gancho muy largo que creció de manera que su punta se proyectó varios metros sobre el abismo.
Ahora, imaginemos que en la punta de este gancho hay una cuerda amarrada y en la punta de la cuerda está usted, con las manos y los pies tan firmemente amarrados que es imposible soltarlos y que está sujetándose apenas con los dientes.
Entonces pregúntele a su mente:

"¿Cómo hago para salir vivo de esta situación sin ninguna ayuda? "

Entonces lo que hacemos es lanzar cualquiera de esas preguntas a la mente y ordenarle que la responda.
La mente, claro está, tenderá a no obedecer, a traer respuestas erradas (pues ella no conoce la respuesta para un koan) o a desviarse hacia otros pensamientos.
Por eso se debe insistir para que ella obedezca y traiga la respuesta para el koan.

Si la mente insiste en desviarse hacia otros pensamientos, sea imperativo diciéndole mentalmente: "¡ Fuera! ¡ No es eso lo que estoy buscando!"

Recuérdese: cualquier respuesta traída por la mente estará errada, pues ella jamás puede conocer algo que está más allá de los afectos y de la mente.

Practicando esas técnicas continuamente la mente va obedeciendo y calmándose cada vez más.